lunes, 3 de octubre de 2011

Capítulo 3: Puedes contar conmigo.


Año 2011 – 24 de Mayo ~  Mi día a día… Supongo [ Parte 2 ]

-Auch… Murmuré mientras me apartaba a la derecha para no aplastar a Anto y dejar que se recuperara del golpe. -¿Estás Bien? Preguntó él sin más mientras se frotaba la cabeza con su mano izquierda. Le miré algo mareada y aún asustada por la caída. Esa sensación de “Me voy a meter una hostia” era horrible. -Sí, sí… Estoy bien… ¿Y tú? Le devolví la pregunta sentándome en el suelo. -Sí… Dentro de lo que cabe sí… El chico apoyó sus manos con cuidado en el suelo y me miró sonriendo. -Eres una patosa. Acabó el chico con una carcajada y una mueca en su rostro. -No hace falta que me lo recuerdes… Inflé mis mejillas devolviéndole la mueca y terminé también con una carcajada. Tras el breve momento de bromas, pude ver como de un lado de su cabeza, cerca de su frente, salía sangre, se había hecho daño. No me extrañaba para nada, se había dado un buen golpe. -Estás sangrando… Dije y me levanté con cuidado acercándome a su cabeza y tocando la herida. -No pasa nada Noah, ya se secará la sangre, tranquila… Dijo sonriendo y me miró. -No, no, si que pasa, te has hecho daño por mi culpa… Le repliqué y puse la palma de mi mano sobre su herida y cerré los ojos.  -No, Noah. ¿Qué haces? Estate quieta, ni se te ocurra hacer lo que estoy pensando, ¡Quieta! Anto sabía perfectamente lo que iba a hacer. De repente, una pequeña luz blanca salió de mi mano, y cuando aparté esta, la herida ya había sanado. -Listo. Le sonreí dulcemente. El me miró serio y me regañó. -¡Noah, no deberías usar tus poderes en sitios públicos!  Me dijo por lo bajo para que nadie lo escuchara. -No iba a dejarte herido, y más si era por mi culpa. Le miré seria yo también, pero pícara y arqueé una ceja. -Noah, por favor, que sea la última vez… Dijo con un suspiro y se levantó. -Bueno, al menos no te has dejado ver con alas… Eso ya hubiera sido demasiado… Dijo el joven resignado y sonrió para luego poner una cara mezclada entre palidez y espanto que me sorprendió. -N-Noha… Tartamudeaba mientras se oía un tren partir. -¡El tren! ¡Llegamos tarde a la universidad! Dijo con tono de desesperación el chico.

Le miré pícara y sonreí de medio lado. -Creo… Que yo tengo la solución~ Canturreé. -No… No me gustan tus soluciones Noah… Y menos cuando pones esa cara… Conozco esa cara… No Puede ser nada bueno… Y mucho menos normal… Dijo él mirándome a los ojos. Anto me conocía de siempre, de toda la vida, es más, era como un hermano para mí, incluso yo era como una hija para sus padres. Le miré con la misma expresión pícara de antes y le tomé de la mano. -¡Sígueme, vamos! Subí las escaleras de la estación, esta vez, sin caerme, y llegamos a fuera. No había absolutamente nadie, o eso pensé al menos, ya que no vi ni un alma fuera de su casa debido a la lluvia. Anto, me miró extrañado y me preguntó lo típico. -Y ahora… ¿Qué? Dijo el joven intentando taparse con su carpeta la cabeza para no mojarse. -Pues ahora… ¡Esto! Desplegué mis enormes alas negras en un abrir y cerrar de ojos de Anto, literalmente y le tomé por la cintura, para volar más arriba de las nubes de tormenta. -¡Noah! Exclamó Anto una vez arriba. -¿Qué? ¡No había nadie! Y además así, ni llegamos tarde, ni nos mojamos. Sonreí inocentemente y aumenté la velocidad de mi vuelo. El chico únicamente pudo suspirar resignado, como casi siempre y se dejó llevar, mientras no me pillaran, todo iba bien, para ambos. 

En cuestión de diez minutos habíamos llegado, y por suerte, aún no habían entrado ni los profesores. Paramos en la parte trasera asegurándonos antes de que nadie nos viera y en silencio caminamos hacia la delantera, justo cuando estaban abriendo las puertas, nos adentramos en la multitud de gente disimulando. -¿Ves Anto? Al final no llegamos tarde. Dije divertida al chico, que me miró de mala gana mientras se adentraba junto a mí al imponente edificio.

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