viernes, 2 de septiembre de 2011

Capítulo 2: Para siempre, Por siempre y Para quedarse.

Hablamos [Negrita] – Narramos [Cursiva] – Hacemos[Normal]



Año 2011 – 24 de Mayo – 7:13 de la mañana. ~ El día Siguiente

Desayuno rápido. Mi casa ya parecía un Mc Donald’s. Llegaba tarde, debía coger el tren, por lo que decidí desayunar por el camino. Tras coger unas galletas y un zumo de la alacena, guardé mi móvil en el bolsillo derecho del pantalón y me colgué la mochila de la cámara para después salir por la puerta. El suelo estaba entre mojado, quizás por la humedad o por que había llovido por la noche… Sinceramente, si había llovido, yo no me había enterado. Suelo dormir muy profundamente y no me puede despertar prácticamente nada. No suelo tener pesadillas que me despierten tampoco… Vale, miento, me miento a mí misma, una y otra vez… Desde el incidente de hace tres años, suelo tener pesadillas, en las que aparece su alma, el alma de Diego. Se repite una y otra vez, la imagen en la que le arrebaté el alma, la escena que me hace sufrir, que me mata por dentro, me llena de culpabilidad y me aísla en la sombra. Quería olvidar, pero… ¿Cómo? Cada segundo que pasaba no podía evitar recordar su rostro, su risa, sus ojos, sus labios… Mi primer beso… Mi primer amor… Sentía que a pesar de esos tres años, le amaba como el primer día, el día en que nos conocimos, en que mi vida cambió por completo.



Año 2011 – 24 de Mayo ~ Mi día a día... Supongo.

Por un instante, mi mente pareció que se quedaba en blanco, y una gota de lluvia cayó sobre mi nariz. Llovía. Ahora si estaba lloviendo. Las pequeñas y finas gotas que caían del cielo, eran lo único que me hacían olvidarme de todo.  Antes de abrir la verja, Dan, vino a despedirse de mí.  Le acaricié suavemente la cabeza y le sonreí dulce. Él simplemente me ladró y me lamió la mano. Era una costumbre que tenía desde pequeño para despedirse de mí, cuando sabía que me iba, desde que era un simple cachorro al cual encontré en el bosque abandonado. Su madre había muerto, y unos cazadores querían dispararle, entonces me lo llevé conmigo… Lo recuerdo como si fuera ayer… Mi pequeño lobito… Abrí la verja con cuidado para que él no saliera, y eché a caminar con un paso bastante ligero. A parte de que me estaba mojando, iba a perder el tren. Miré la hora con un leve giro hacia mi muñeca. Vi que no llegaba, que iba a perder el tren, por lo que empecé a correr intentando no resbalar, pero en un descuido, justo cuando estaba bajando las escaleras hacia el tren, me tropecé y salí volando, no literalmente claro está, hacia el suelo. Sentía que me iba a dar la hostia de mi vida, que de allí, iba al hospital, pero no sé como ni de donde salió, mi salvador, el más oportuno de los oportunos, el chico sombra, mi buen amigo Anto, que me agarró con fuerza, haciendo que cayéramos los dos al suelo. Esperaba no haberle hecho daño. Sentía que me había salvado de un muy mal trago, debía reconocerlo, a pesar de ser un pesado muchas veces, era un gran amigo, mi mejor amigo. Anto era un chico desgarbado, alegre y oportuno, era uno de esos amigos que una vez los tienes, no los pierdes nunca, que son para siempre, que van a estar contigo por siempre, y cuando llegan, es para quedarse.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Capítulo 1: Recuerdos que Jamás se olvidan.


Hablamos [Negrita] – Narramos [Cursiva] – Hacemos[Normal]

Año 2008 – 23 de Mayo – 9:27 de la noche.

Dime Noah. Tú...  ¿Tú tienes miedo de morir? Me dijo él sin saber porqué, a lo que contesté de una manera seca y fría. No. Dije negándome rotundamente y entonces él volvió a hacerme otra pregunta.  –  Es extraño… ¿No temes a la muerte? Su minada era confusa y sorprendida, entonces volví a contestar de la misma forma que antes. –  Sí temo a la muerte… Pero no a mi muerte, sino a la muerte de mis seres queridos, o de la persona a la que amo… Tú... Contesté de manera definitiva, callándole sin más, no me gustaba hablar del tema. Entonces me besó, y el tiempo se paró, arrebatándole el alma, para siempre.

Tres años más tarde.

Tres años, tres años han pasado desde el maldito incidente, y aún así, sigo sintiéndole aquí, a mi lado. Mi nombre es Noah, también conocida como “La Loba Negra” entre mis amigos, y para mi desgracia, soy un ángel caído, un ángel pecador, un ángel negro, pero no un ángel caído normal, yo no he sido privada de mis virtudes de ángel, he sido castigada con mayor desgracia, me han privado del amor. Me llamo Noah, sí, tengo  19 años, y soy la mayor desgracia de este mundo, un mundo en el que necesitas de amor para vivir feliz, un mundo en el que me gustaría morir… Por siempre…


Año 2011 – 24 de Mayo – 6:49 de la mañana. ~ El día Siguiente.

Supongo que es lo normal… Me levanto temprano para ir a la universidad, entro a las ocho de la mañana, pero necesito tiempo para prepararme. Estudio fotografía, es algo que me fascina… Poder plasmar un momento único en un papel, en algo físico, una fotografía, fotografía que puedes guardar para el resto de tus días… Un beso, un gesto, o una mirada… Cualquier cosa que puedas imaginar… Yo plasmé un momento único, hace tres años, un momento inolvidable, un momento, que por desgracia no se volverá a repetir, y que desearía no haber vivido nunca, pues aunque fue la cosa más bonita que jamás viví, fue también el mayor error que cometí… Le quité e alma a la persona a la que más he amado en toda mi vida, y ahora se encuentra aislado, en un hospital, en coma, nadie sabe porqué… Nadie excepto yo… Desearía poder remediar mi error, desearía poder devolverle el alma arrebatada, desearía no ser un ángel caído, desearía no haber existido nunca… Supongo que este es mi castigo… No recuerdo nada de mi vida pasada… Pero ¿realmente hice algo tan malo como para merecer esto?... No lo sé… Solo puedo suponer… 
Solo puedo imaginar, y soñar que algún día volverá, para quedarse…